Aprendiendo sobre los alimentos que comemos (2da parte)

Comprar los alimentos juntos, enseñarles de dónde vienen, aprender sus propiedades, son aprendizajes significativos muy valiosos e importantes para la vida.

¿Quieres fomentar una buena alimentación para tu hijo? ¿Quieres enseñarle con actividades lúdicas sobre los alimentos para motivarlo? Aquí te doy unos ejemplos que pueden darte ideas.

Aprendiendo sobre los alimentos que comemos (1ra parte)

En un mundo de prisas, donde los alimentos vienen ultra empacados y donde las granjas o campos de cultivos son lejanos y muchas veces inaccesibles, nos quedamos con muchas preguntas sin resolver como por ejemplo: ¿de dónde viene la piña? ¿cómo crecen los cacahuetes? ¿qué vitamina tiene la naranja? ¿en qué época crecen las fresas? ¿cómo se hace el queso ¿para qué sirve el calcio del yogur? Para resolverlas podemos recurrir a propuestas lúdicas.

EN TIEMPOS DE CUARENTENA

El covid-19 nos paró. Veníamos en una carrera con semáforo en verde y casi que sin pasar por ámbar cambió a rojo obligándonos a meter a fondo el freno para cuidarnos y salvarnos.

Nos cuesta frenar y cambiar el ritmo al que veníamos acostumbrados. Es parte de la naturaleza humana oponer resistencia al cambio por el miedo que sentimos, por la proyección que hacemos de la situación, por la falta de control en estas circunstancias, donde pocas decisiones podemos tomar. Pero tranquilos que igual de natural es la adaptación y todos (excepto muy pocos casos), podemos asumirlo adecuadamente.

GESTIONAR LAS EMOCIONES EN ESTE MOMENTO DE CORONAVIRUS

Reconocer que nos cuesta adaptarnos a los cambios, ya es una manera de ayudar en la gestión emocional familiar. Aprobar todas las emociones y validarlas es lo principal.

Preguntarnos a nosotros mismos cómo nos sentimos y poder nombrar y explicar con palabras lo que estamos experimentando emocionalmente nos prepara para hacer lo mismo con nuestros hijos.

Preguntar a nuestro hijo cómo se siente, a través de frases, de juegos, de actividades. Decirle lo que tu estas sintiendo y comentarle lo que estas observando de él de manera objetiva. Por ejemplo, noto que mueves mucho las piernas y te metes los dedos a la boca ¿crees que estas ansioso? O veo que estas cantando feliz, canciones muy alegres ¿te sientes contento? Ningún juicio de valor ni de recriminación, es decir lo que observas y confirmas si sí es correcto lo que estás diciendo, puede que el niño no esté ansioso ni contento y simplemente esté llamando tu atención.

Los niños necesitan la atención de los demás. Los adultos también lo hacemos y raramente lo expresamos directamente diciendo “te necesito y quiero que me dediques un poco de tiempo”. Tu mejor que nadie sabe las formas que tu hijo te lo dice. No necesita palabras y muchas veces son conductas que aceptamos como el niño que se te acerca a la pierna y te abraza y otras veces son conductas que rechazamos como el niño que molesta y daña las cosas.

Lo primero que podemos hacer es entender que debemos validar todas las emociones. Validar las emociones quiere decir que comprendemos lo que sentimos o siente el otro y es la clave fundamental para conectar y para la supervivencia. Todo lo que sentimos o siente nuestro hijo es válido y debemos aceptarlo; y lo que aprendemos a controlar es la forma como reaccionamos.

La alegría y la tristeza son tan buenas una como la otra. La calma y el enfado igual. Sin embargo, reaccionar eufóricamente en un momento y lugar que no corresponde es inadecuado, así como enfurecerse y golpear o dañar.

Abrir un espacio para trabajar las emociones, no necesariamente durante una conversación, puede ser mientras pintan, juegan o leen. Ten en cuenta que los niños tienen una gran capacidad de aprender y de recordar. Seguramente tu mensaje le llegue por los medios que no estas imaginando.

Dar alternativas, por ejemplo, dar un cojín que si se puede golpear o una tabla que si se puede martillar o papel que si se puede romper. Negar siempre las reacciones, crea un conflicto interno que tiende a explotar en otro momento. Redireccionar las conductas y permitir desahogar las emociones donde sí se puede.

Hablar en positivo. En vez de dar una orden “no grites” puedes hacer una invitación a hacer lo adecuado “te invito a que hablemos en un tono tranquilo”. O “no escupas” puedes cambiarlo por “si quieres te acompaño a escupir en el lavamanos”.

Contener en el momento que más nos necesitan. La clave está en intentar aceptar tus emociones y controlar tus reacciones cuando tienes en tus manos a un niño desbordado o descontrolado. Puede que necesite un abrazo o sólo tu presencia.

Trabajar las emociones, como trabajamos cualquier habilidad que queremos que nuestro hijo desarrolle. ¿cómo enseñas los colores o las formas, por ejemplo? Pues nombrar las emociones, explicarlas, reconocerlas nos ayudarán a trabajarlas. Tener un libro de emociones también viene muy bien.